DE SAN JUAN A MARTINEZ


Hace cuatro años el sanjuanino Marcelo Rodríguez, dejó la tierra de Sarmiento, para instalarse en el principal sillón del rugby argentino en la casona UAR de Martínez. Hoy, casi llegando al final de su mandato repasa con Super Try el debe y haber de su gestión.


 

Indudablemente que ningún dirigente del mundo esperaba al asumir que la pandemia se presentaría como una adversidad difícil de transitar. Para Rodríguez, "fue una etapa sumamente complicada. Bien podría decirse que hubo buenas y malas. Las buenas fue sin dudas la gran actuación de nuestro rugby en el Super Rugby, llegando a la final del 2019. Fue una clara demostración de la capacidad de nuestros profesionales, por aquel entonces radicados en la Argentina. Pero también lo amateur tuvo buenas temporadas y fue importante el crecimiento del rugby femenino".

Pero en el 2020, todo cambió. En un abrir y cerrar de ojos el mundo explotó y las estructuras sociales y deportivas se vieron sacudidas hasta sus cimientos. "Es cierto, se nos vinieron dos años sumamente difíciles. Porque además de la pandemia, hubo algunos sucesos que si bien no tuvieron nada que ver con el juego, golpearon con dureza a nuestro deporte".

Está claro, por un lado la pandemia afectando a la competencia y por el otro, la violencia extra cancha, impactando en ese invalorable trabajo que cientos de voluntarios sostienen desde siempre las estructuras de nuestros clubes. Por eso, dice Rodríguez "nos vimos obligados a trabajar en dos frentes. Primero, generar cambios culturales que permitiera a nuestro deporte evolucionar y agiornarse a este siglo XXI para poder dar respuestas. Debemos ser honestos, debemos reconocer que tenemos problemas y ese un desafío a encarar para recuperar el prestigio perdido. Es un proyecto de trabajo que estamos empezando, es un cambio cultural y bien sabemos que eso lleva tiempo, motivo por el cual lo hemos dado en llamar Rugby 2030".

"Y el segundo gran desafío -agrega- fue enfrentar las consecuencias de la pandemia. Nuestros clubes lo sufrieron mucho y en ese sentido hay que decir que la UAR fue la única federación deportiva que asistió a sus clubes, para que ninguno cerrara sus puertas por problemas económicos. Destinamos dos millones de doláres en estos dos últimos años".

Pero puertas afuera, la Argentina quedó huérfana de competencia internacional y la estructura profesional que se venía consolidando cayó como castillo de naipes. Cada país se fue acomodando de la mejor manera posible, pero siempre cerca del barrio. "La generación de esas nuevas estructuras las terminamos sufriendo -señala- porque nos quedamos afuera del Super Rugby".

Fue entonces cuando se hizo necesario buscar en "el barrio, charlar con los vecinos". Y así surgió la Super Liga Americana, que en realidad es sudamericana. "Con los mejores radicados en Europa, volvimos a trabajar con Los Pumas, de la misma manera que lo hicimos hasta el 2016. Pero nos quedó un vacío, un paso intermedio para el desarrollo de quienes acceden al profesionalismo".

Ya está anunciada la tercera edición de la SLAR (la primera se frustró por la pandemia) y la segunda dejó como mejor legado las grandes campañas de Uruguay y Chile, en sus ambiciones mundialistas para Francia 2023. Rodríguez define a este torneo como "una apuesta muy fuerte que hace Argentina con la Sudamérica Rugby, porque es un primer paso hacia el profesionalismo. Es necesario consolidarla, hacerla crecer y quizas en algunos años encontrar ese eslabón perdido que es tener un equipo profesional en alguna liga internacional, mientras continúa el trabajo en las academias y la competencia entre ellas".

"Por ahora -estima- pensar en llegar a una competencia de alto nivel en el mundo es prácticamente imposible. Por fortuna la UAR es una de las tres mejores uniones administradas en el mundo, por eso hoy está sana y con reservas. Gracias a eso pudimos ayudar a los clubes y se está pensando en algunas inversiones en materia de infraestructura".

Ya se escuchan en algunos ámbitos que esta super liga debería ampliarse para dar cabida a más equipos, especialmente por el anhelo de algunas uniones provinciales de nuestro país. "En lo inmediato -destaca- no veo factible la ampliación de equipos en la SLAR, pero bien se puede pensar en un modelo que se expanda a lo largo de los años. Cada franquicia es un esfuerzo económico tremendo porque hay que sostener un equipo profesional con todo lo que ello significa desde jugadores, staff, infraestructura de entrenamiento, hasta una logística sumamente complicada. Creo que con el tiempo puede ocurrir que veamos más franquicias argentinas participando en esta competencia, pero por ahora no lo veo".

Lo que si está viendo este hombre surgido rugbísticamente en la Universidad de San Juan, "aunque como dirigente todavía me queda un año de mandato en la Sanzaar, estoy viendo de volver a tener mas contacto con la familia, con mi club, con los amigos de toda la vida".

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